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Bacha Bazi, Costumbre barbárica que amenaza la infancia

Se aborda la situación de los Bacha Bazi desde un enfoque de afectación de los Derechos humanos, rechazando el relativismo cultural y puntualizando qué derechos son los vulnerados y por qué esto no se ha frenado.

El mundo, al ser tan ancho y extenso, da paso al respeto por la diversidad y crea espacio para que la pluralidad se desenvuelva sin prejuicios. Por lo que se asume que todos los sistemas culturales son intrínsecamente iguales en valor y toda pauta cultural es intrínsecamente tan digna de respeto como las demás (Alvargonzález, D. 2002). Mucho más aún dentro del terreno de la democracia, que defiende que todas las conciencias valen lo mismo y que cada cultura es un mundo con una coherencia sui generis. No obstante, esta posición se derrumba fácilmente cuando surgen prácticas culturales que significan una afectación directa a la libertad y dignidad de los seres humanos, como es el caso de estudio: Bacha Bazi.

El relativismo cultural, que muchos usan para justificar prácticas arcaicas o denigrantes, no sirve como retención para condenar esta especie de tradición, puesto que los argumentos culturales no pueden utilizarse para consentir violencia. Además de que la cultura no es algo estático, sino que está en constante cambio y adaptación (UNFPA, 2020). Es por ello que cuando mencionamos derechos humanos; no puedo dudar de su universalidad, ya que aunque suponga la creación de una moral universal, protege a todas las personas sin excepción ni distinción.

El caso Bacha Bazi es una particularidad, se trata de una tradición afgana que convierte a menores, generalmente entre 10 y 18 años, en esclavos sexuales. La mayoría de estos, secuestrados o vendidos por sus propios padres debido a la falta de dinero. Ellos son maquillados y vestidos con ropa de mujer, para luego ser entregados a hombres poderosos que los obligan a bailar y los someten a prácticas sexuales aberrantes. El origen de Bacha Bazi se encuentra en Asia Central y suele ser atribuida a los persas. Sin embargo, se presenció por primera vez en Afganistán en el siglo XIX, y se basaba en la posesión de un “juguete infantil” como un símbolo de éxito y poder (Gómez, R. 2019, p 26). Ello nos permite comprender que la utilización de estos niños, va mucho más allá del aspecto sexual; para los hombres poderosos, representan también un símbolo de estatus.

En 1996, cuando los talibanes se encontraban en el poder, esta práctica fue prohibida bajo pena de muerte, pero en lugar de erradicarla, su popularidad aumentó. No fue hasta 2017 que, durante el gobierno de Ashraf Ghani Ahmadzai, se aprobó una ley que la prohíbe y criminaliza estos actos oficialmente. A pesar de ello, el sistema sigue siendo deficiente, porque, como se mencionó previamente, los niños Bacha son un símbolo de poder y opulencia. Es decir, las personas que ostentan poder económico, militar o político son las que llevan a cabo esta “tradición”, por lo que es fácil deducir cuán sencillo es para ellos corromper el sistema judicial y no recibir ningún tipo de sanción. Por esa razón, su erradicación es todavía un plano lejano.

Habiendo contextualizado el origen, significado y el porqué no se puede hacer contra a esta práctica de una forma completa, reafirmo mi apoyo por la universalidad de los derechos fundamentales. Si bien es cierto, concuerdo con la utilidad del relativismo cultural cuando hacemos frente a teorías como el etnocentrismo, me acerco a la posición de que el relativismo cultural sea un desatino de impredecibles consecuencias morales y políticas (Sánchez Durá, N. 2013). Y considero que, pese a que la diversidad nos vuelve ricos, la omisión y el respeto de tradiciones como Bacha Bazi, que afectan contundentemente la vida y el desenvolvimiento de la libertad de estos niños y jóvenes, nos convierte en cómplices del atropello de la dignidad.

Sin lugar a dudas, esto significa una preocupación para la comunidad internacional. Puesto que, pese a las diversas convenciones, acuerdos y tratados sobre la protección de los niños, niñas y las personas en general, la violación de derechos sigue siendo palpable. Esta práctica, en primer lugar, corrompe puntos del núcleo duro de los Derechos Humanos como la prohibición de la esclavitud y el trabajo forzoso. De la misma manera, es una amenaza contundente para la protección de la familia y los menores estipulado dentro de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Asimismo, es también es un atropello de los 10 principios de la Declaración Universal de los Derechos del Niño de 1959 y, subsecuentemente, de la Convención de los Derechos del Niño de 1989.

La universalidad de los Derechos Humanos es una condición que protege la libertad, la conciencia y la vida misma. Tratar de ir en contra de este principio haciendo uso del relativismo cultural para defender tradiciones y prácticas culturales como Bacha Bazi es disparatado. Como mencioné anteriormente, los argumentos culturales pierden relevancia cuando se pasa por alto la dignidad y se vuelve el doble de grave cuando afecta a poblaciones vulnerables, como son en este caso, los niños y jóvenes.

De la misma manera, lo que es sumamente importante para la erradicación de esta práctica es exterminar ese pensamiento sistematizado de que los niños Bacha son un símbolo de opulencia y status. Es justo este pensamiento lo que solidifica la base de su continuidad y que el aumento de casos sea tan difícil de controlar. A esto se le suman factores como la pobreza, desesperación, educación precaria, entre otros. También, la corrupción dentro de los sistemas legales nacionales es un factor que imposibilita castigar a los que acceden al uso de los Bacha Bazi. Por lo que fortalecer estos sistemas es extremadamente necesario.

En conclusión, se entiende el caso Bacha Bazi como una amenaza para la infancia y una condena sin delito a una vida denigrante. Igualmente, esta realidad en Oriente pone a prueba la eficiencia de los convenios y tratados dirigidos a la protección de menores, por lo que creo que es sumamente necesario un mayor enfoque por parte de la Comunidad Internacional y el mundo entero.

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