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De Perú a Alemania, Deutschland , Intercambio y una pandemia

“La incertidumbre de no saber cuando regresaría a Perú...”

En octubre del 2019 recibí la noticia de que Karlshochschule International University – “The Karls” – (Karlsruhe, Alemania) me había aceptado para formar parte del semestre de primavera 2020 como estudiante de intercambio y representante de USIL, cinco meses después me encontraba llegando a Alemania. Al llegar a Karlsruhe (estado de Baden-Württemberg) todo funcionó excelente: me llevaba bien con mis compañeros de piso y me había adaptado rápidamente a la vida de un estudiante de intercambio en una universidad con un ambiente extraordinario. The Karls, al ser una universidad privada, posee una cantidad reducida de alumnos y gracias a su internacionalidad los espacios de aprendizaje son altamente enriquecedores. Centrándome más en mi breve experiencia con las clases presenciales en Karlshochschule, recomendaría a cualquier estudiante de relaciones internacionales de 5to y 6to ciclo realizar su intercambio académico en esta universidad porque con los cursos que ofrece en el programa de RRII, te permite incrementar el conocimiento sobre la aplicación práctica y analítica de las teorías contemporáneas de relaciones internacionales y reforzar lo aprendido desde una perspectiva mucho más amplia.

Sin embargo, el 11 de marzo mi experiencia de intercambio pasó a dar un giro de 180 grados al declararse la pandemia por COVID-19, la emergencia sanitaria y el cierre de fronteras en el Perú. Con tan solo dos días de diferencia (13 de marzo), Europa se volvió el epicentro de la pandemia, con una Italia y Francia ya casi desbordadas, y una Alemania que no se quedaba muy por detrás en las estadísticas. De esta manera, con el nuevo escenario mundial, cientos de alumnos regresaron de emergencia a sus países, muchos de ellos amigos míos, y para aquellos que no cancelaron o postergaron su intercambio, las clases pasaron a modalidad virtual; y casi sin previo aviso, mi salón de clases pasó de ser un ambiente altamente internacional y cultural, a ser mi cuarto en el departamento.

Los primeros días de la pandemia – y la clara incertidumbre de no saber cuándo podría volver al Perú – me los tomé de forma positiva, como una anécdota que eventualmente podré contar una vez que todo pase. Sin embargo, mientras los días pasaron y el gobierno regional de Baden-Württemberg comenzó a aplicar medidas más firmes para evitar la propagación del virus, realmente sentí el cambio en mi situación. Había pasado de estar un mes antes con toda mi familia y amigos, a estar en un país desconocido, viviendo con desconocidos en el centro de expansión de una enfermedad que podía contraer en cualquier momento; y la situación era la misma para decenas de estudiantes que ante las medidas de sus gobiernos – España, Italia, Turquía, por mencionar casos que conozco – se habían visto obligados a quedarse en la ciudad. Sin embargo, estar fuera de mi país durante la coyuntura actual me ha permitido ser un espectador de la gestión de la crisis en Perú y compararla con el manejo de la misma en lo que nosotros consideramos como “sociedades mucho más avanzadas”. Y ahí me di cuenta que si bien hay diferencias muy marcadas, psicológicamente los humanos respondemos de la misma manera a situaciones de incertidumbre. Claro ejemplo de esto fueron las compras de pánico que, si bien demoró un poco más en notarse en el centro de la ciudad de Karlsruhe, afectó también a los supermercados alemanes. Por semanas no podías encontrar papel higiénico, pasta, harina, y enlatados al igual que en Perú, y tenías que ingeniártelas para poder reemplazar estos elementos en tu día a día.

No obstante, las personas empezaron a ser mucho más conscientes del peligro que representaban para el resto, y poco a poco, a pesar de que las medidas no fueron tan drásticas como en el Perú, podías notar como todos mantenían su distancia de forma voluntaria. Hasta ahora se me hace raro leer noticias sobre cómo los hospitales de Iquitos, Piura o la misma Lima se han desbordado; mientras que en Alemania, a pesar de tener más de 160 000 casos confirmados, el sistema de salud sigue resistiendo. Todo tiene sentido una vez lees los estudios sobre la capacidad de los sistemas de salud publicados hasta la fecha. Por un lado, el sistema de salud alemán es uno de los mejores del mundo, llegando incluso a obligar a todo estudiante internacional a afiliarse al seguro público de salud como requisito para poder acceder a la visa respectiva. Indagando más en cifras, de acuerdo al Global Health Index, Alemania tiene a disposición 28 000 camas en cuidados intensivos y la capacidad de sumar 5 000 más en caso se requieran, lo que ha permitido que el país incluso reciba pacientes de Francia e Italia. Por su parte, el Perú posee un total de 276 equipos de emergencia para una población que asciende las 30 millones de personas. Esto explica de forma bastante clara por qué mientras el gobierno peruano aplicaba la inmovilización social obligatoria por casi dos meses paralizando por completo la economía peruana; los gobiernos regionales – recordemos que Alemania es una República Federal – aplicaban indistintamente directivas que declaraban solamente el cierre de locales, y la prohibición de eventos públicos y reunión de más de 2 personas.

Otra de las cosas que he podido observar al ser una estudiante de intercambio y estar pendiente de los cambios implementados en la educación tanto en Perú como en Alemania, es que todos estamos siendo afectados de la misma manera. Sin embargo, la forma de enfrentar los cambios difiere bastante en ambos países. En Alemania, el inicio de clases se vio postergado y actualmente está siendo realizado de forma virtual. Tomando en cuenta que en este país la educación universitaria es pública y accesible para todos – como diría uno de mis amigos, pagan su educación con los impuestos -, los salones de clase cuentan con más de 100 alumnos, lo que hace las clases virtuales sean particularmente difíciles. A pesar de ello, la capacidad de adaptación de la mayoría de estudiantes alemanes es alta y no lo ven como un semestre perdido, sino como una nueva realidad con la que tienen que convivir ya que a pesar de tener un porcentaje de contagio bajo, en Alemania no se ve un fin cercano a la pandemia.

Aquí las primeras etapas del desconfinamiento ya han empezado (a la fecha, 05.05.2020). Primero fueron tiendas con áreas menores a 800m2, y progresivamente se irá expandiendo a escuelas secundarias, universidades y demás centros laborales. En cambio, se ha impuesto el uso obligatorio de mascarillas en el transporte público y en los locales, y todavía se mantiene las medidas de distanciamiento social. Sin embargo, ahora se pueden ver con mucha más frecuencia grupo de personas separados por metro y medio en una esquina conversando, o grupos de tres sentados en los parques de la ciudad disfrutando del sol y el buen clima que últimamente está haciendo. Por momentos incluso puedes llegar a olvidarte que la pandemia está todavía en uno de sus puntos más altos, pero la verdad es que lo que los especialistas mencionan es real, la vida no va a volver a ser la misma.

Dicen que los intercambios académicos te cambian la vida y en mi caso no podrían tener más razón. Como estudiante de relaciones internacionales en Alemania y en plena pandemia, puedo resumir mis enseñanzas hasta el momento en dos: (1) la resiliencia no se enseña en los salones de clase, sino que forma parte de la formación de cada uno y se complementa con la actitud propia al enfrentar adversidades; y (2) toda situación difícil es una oportunidad de crecimiento personal e incluso laboral porque cada problema tiene una solución, solo es cuestión de buscarla. COVID-19 representa un reto para nosotros incluso como internacionalistas en formación y es nuestro deber, ahora más que nunca, contribuir con las soluciones en vez de con los problemas. Así las lecciones que la gestión de la crisis en países como Alemania, Corea del Sur o Costa Rica en Latinoamérica, están dando al resto del mundo pueden ser utilizadas por nosotros para fortalecer todas las esferas de la vida pública en el Perú y seguir contribuyendo con el desarrollo y crecimiento de nuestro país.

Míralo resumido en nuestra infografía:

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